Irán dejó atrás los obstáculos fuera de la cancha para firmar un empate 2-2 ante Nueva Zelanda y ponerse en la cima del Grupo G tras su debut en la Copa del Mundo
El SoFi Stadium de Los Ángeles fue escenario de uno de los partidos más atractivos y sorprendentes de la primera jornada mundialista. Irán y Nueva Zelanda protagonizaron un vibrante empate 2-2 en un encuentro de ida y vuelta que superó las expectativas.
Nueva Zelanda fue el primero en golpear. Apenas al minuto 7, Elijah Just aprovechó una asistencia del histórico neozelandés Chris Wood para adelantar a los oceánicos y confirmar que habían llegado al torneo sin complejos.
El tanto tuvo un significado especial, pues representó la primera anotación neozelandesa en una Copa del Mundo desde el empate frente a Italia en Sudáfrica 2010.
Lejos de conformarse con la ventaja, mantuvieron una postura ofensiva y encontraron espacios para seguir inquietando a la defensa iraní. Sin embargo, los asiáticos respondieron con la misma intensidad.
Al 32’ apareció Ramin Rezaeian para empatar el encuentro y comenzar una noche que terminó por ser un duelo intenso de ida y vuelta para ambos seleccionados.
La segunda mitad mantuvo el mismo ritmo frenético. Nueva Zelanda volvió a ponerse en ventaja al 54’, nuevamente gracias a una combinación entre Chris Wood y el doblete de Just que pareció encaminar la primera victoria de su equipo en una Copa del Mundo.
Pero Irán volvió a levantarse. Apenas diez minutos después, Mohammad Mohebi apareció para convertirse en el protagonista absoluto de la noche al rescatar la unidad con el 2-2 que terminó por ser el definitivo.
El encuentro reunió a dos selecciones con historias distintas, pero cada vez más presentes en el escenario mundialista. Irán disputa su séptima Copa del Mundo y la cuarta de manera consecutiva, consolidado como una de las potencias de Asia.
El empate también tuvo un significado especial para Irán. La selección asiática llegó a Norteamérica 2026 rodeada de circunstancias poco habituales.
Las tensiones políticas con Estados Unidos le impidieron establecer su concentración en territorio estadounidense, por lo que tuvo que instalar su base en Tijuana y realizar constantes traslados fronterizos para disputar sus compromisos mundialistas.
Lejos de dejarse afectar por ese contexto, los iraníes mostraron personalidad, carácter y el espíritu competitivo que históricamente los ha distinguido.
Los festejos de los goles reflejaron mucho más que la alegría por evitar una derrota; representaron el desahogo de un grupo que ha tenido que convivir con múltiples obstáculos fuera de la cancha.
El premio fue importante. Aunque los cuatro integrantes del Grupo G suman un punto tras la primera jornada, Irán terminó como líder del sector gracias a los criterios de desempate.
Un detalle que alimenta la ilusión de una selección que, entre fronteras, viajes y dificultades extracancha, encontró en el futbol la mejor manera de responder y mantener vivo el sueño mundialista.
Fuente: El Heraldo